A día de hoy vivimos en una sociedad donde comer sano en ocasiones, imitando patrones de personas famosas que podemos ver a través de los medios de comunicación, nos hace volvernos esclavos de dietas insufribles, ayunos sin sentido, ejercicio interminable, etc. Desde hace unos treinta años aproximadamente, la imagen corporal se ha vuelto algo determinante para ser aceptado o no por nuestro entorno, siendo esto mucho más acusado en el caso del sexo femenino en relación al masculino. Cuando no te ajustas a los cánones de belleza establecidos por un mundo en el que prima la superficialidad, caes en el peligro de querer ser una persona perfecta físicamente hablando, como si fueras una Barbie o un Ken en tamaño natural y esto termina por hacer mucho daño a todas las personas, pero especialmente a aquel colectivo más vulnerable, como pueden llegar a ser los adolescentes. Debido a lo anteriormente expuesto, los trastornos de la conducta alimentaria se han convertido en “el pan nuestro de cada día”.

Muchos adolescentes piensan que para ser aceptados socialmente tienen que tener un cuerpo diez. De no ser así, esto sería percibido para ellos como un total fracaso y entrarían en un bucle donde prima el miedo al rechazo de su grupo de iguales. Aquí es donde entran en juego los temidos trastornos de la conducta alimentaria (TCAs). Dentro de dichos trastornos, los más comunes encontrados en consulta son: trastorno por atracón, bulimia y anorexia. Actualmente, las tasas de obesidad y sobrepeso siguen en aumento y el número de fracasos en la pérdida de peso también. 

Esto se debe a un enfoque unitario e individual. El abordaje interdisciplinar es crucial para conseguir objetivos a largo plazo, favorecer la adherencia al tratamiento y mejorar la gestión emocional asociada a la alimentación. Para tratar este tipo de alteraciones en los pacientes se deben contar con herramientas que trabajen aspectos que van más allá del peso corporal o de las calorías de la dieta. El paciente merece la mejor atención para conseguir los mejores resultados. La psiconutrición es el tratamiento formado por dos disciplinas: la psicología por un lado y la nutrición por otro. La psiconutrición implica el trabajo en equipo de forma interdisciplinar, uniendo a profesionales especializados en la nutrición y en la psicología. Desde la parte psicológica nos vamos a ocupar de gestionar las emociones ligadas a la alimentación, para que el paciente aprenda a diferenciar entre hambre fisiológica y hambre emocional. Será muy importante hacer una reestructuración de los pensamientos distorsionados relacionados con creencias erróneas en torno a la alimentación, así como instaurar el mantenimiento de unos hábitos nutricionales saludables, relacionando todo esto con una práctica deportiva, la cual no solo tendrá grandes beneficios sobre la salud física, sino también dentro del área psicológica, aumentando así la salud mental del paciente. Es necesario educar al paciente para que entienda que su estado físico no solo va a depender de una alimentación adecuada, sino que intervienen otra gran cantidad de factores que es bueno llegar a conocer para poder ejercer un control adecuado sobre los mismos.

Muy relacionada con la psiconutrición se encuentra el complejo problema de la imagen corporal. Esta se entiende como la manera en que percibimos nuestro propio aspecto físico. No se trata solo del peso, sino también de cómo nos sentimos sobre el aspecto y el funcionamiento de nuestro cuerpo. La forma en que cada quien se percibe hace que se produzca una modificación sobre los pensamientos, las emociones y el propio comportamiento. El individuo tendrá una imagen corporal positiva cuando: tiene una percepción clara y real sobre cómo es su cuerpo; es capaz de valorar y apreciar su cuerpo, siendo consciente de que solo es una parte de su conjunto como persona y que otros aspectos, como la personalidad, tienen un valor más importante a la hora de definir su identidad. Se siente segura y cómoda dentro de su propio cuerpo. De otro lado, la persona tendrá una imagen corporal negativa cuando: tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndolo diferente de cómo es realmente; se siente ansiosa y avergonzada de sí misma y de cómo es su físico; se siente incómoda y angustiada dentro de su propio cuerpo. Los pacientes con una imagen corporal negativa tienen más riesgo de padecer un TCA, así como de tener una baja autoestima, síntomas depresivos y aislarse socialmente. La clave para tener una imagen corporal positiva que favorezca nuestro bienestar es aceptar la forma natural de nuestro cuerpo, dominar las emociones y pensamientos negativos sobre el aspecto físico, y legitimar nuestro cuerpo y a nosotros mismos, como personas valiosas dignas de ser queridas. Desde la consulta abordamos todo tipo de trastornos de la conducta alimentaria, así como problemas relacionados con la imagen corporal y todo aquello que tenga que ver con psiconutrición. Te damos técnicas y pautas para tener una atención plena en tu vida y poder ser más consciente de las prácticas que realizas a diario en tus comidas. Te ayudaremos a modificar esos pensamientos negativos que continuamente aparecen en tu cabeza y te generan malestar. No dudes en pedir ayuda cuando la necesites. La salud mental debe ser una de nuestras prioridades.