ALMAS PELUDAS EN TU CORAZÓN
Los duelos no se esconden: se sienten y se viven.
Si mis peluditos no formasen parte de mi vida seguramente sería más independiente. Probablemente tendría más dinero y también más tiempo libre para dedicar a mis amigos. Pero, ¿sabéis qué ocurre? Que no concibo mi vida sin ellos. No me imagino una vida en la que no sean mis peluditos los que corretean tras de mí continuamente, los que dejan sus pelitos por cualquier sitio por el que pasan y los que me llenan de lametones constantemente.
En definitiva, no imagino despertar por las mañanas sin tener su nariz mojada en mi cara o sin ver como su rabito se mueve incansablemente de alegría.
Para mí, la vida es la familia y eso es exactamente lo que son ellos: mi familia.
Mi nombre es Elena Avilés y soy psicóloga general sanitaria, especialista en duelo animal.
Desde pequeña, siempre me apasionaron los animales sin importarme para nada su especie, su color o su tamaño. Simplemente les adoraba.
Siempre tuve en casa algún animalito que mi padre y yo rescatábamos de la calle:
- Gatitos que habían perdido a su mamá y que aparecían en el jardín de debajo de casa.
- Palomas con un ala rota o con cualquier otro problema que les dificultaba el vuelo.
- Pajaritos que habían caído de su nido y que no podían volver con su mamá.
Pasaron los años, fui creciendo y, aunque algunas cosas cambiaron, el hecho de estar rodeada de animales siguió estando muy presente en mi vida.
Decidí cursar la carrera de psicología y, entre otras especialidades, decidí decantarme por el estudio del duelo animal. No entendía que perder a un animal y sentir dolor tras su partida fuera un tema tan incomprendido en la sociedad. Frases como «no es para tanto, era solo un perro», «puedes comprarte otro» o «eres muy exagerada, hay cosas peores en la vida» me chirriaban tanto que despertaban en mí, rabia e impotencia.
Ante esa invalidación emocional continua, sentí que el momento de tomar cartas en el asunto había llegado y que yo debía hacer algo para ayudar a todo aquel que, como yo, sentía que sus animales eran sus hijos. Supe que debía volcar mis esfuerzos en normalizar algo que para mí era lo habitual: considerar a tus animales tu familia y no tener que esconderme por pensar o sentir algo así.
Sentir que queremos a nuestros peludos mucho más que a algún miembro de nuestra familia no es delito, al igual que tampoco lo es defender que «familia» no es solamente aquella que lleva nuestra misma sangre.
Nuestros peludos llenan, tan solo con su presencia, cada rincón de nuestra alma. Están presentes en todos nuestros momentos, ya sean buenos o malos, y permanecen siempre a nuestro lado, sea cual sea la circunstancia que se dé.
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Greta y yo
Adopté a mi primera perrhija en Ávila, justo en el momento de mi vida en el que me encontraba preparando un proceso de oposición.
Ella se llamaba Greta y era una mezcla de pastor alemán y perro lobo. Yo soy de Ceuta y me encontraba a muchos kilómetros de mi casa y de mi familia. Así que, nada más comenzar mi vida junto a Greta, dejé de sentirme sola pese a encontrarme lejos de mi hogar. Ella venía conmigo a correr, estaba a mi lado mientras estudiaba y, siempre que tenía un bajón emocional, no dudaba en lamerme las lágrimas y sacarme una sonrisa con alguna de sus diabluras. Ella estuvo a mi lado en algunos de los momentos más críticos de mi vida, como pueden ser el diagnóstico de cáncer de mi padre, así como posteriormente su muerte. Las dos juntas éramos una sola: un mismo ser.
Greta estuvo a mi lado durante 14 años, hasta que un imprevisible cáncer decidió llevársela y separarla de mí. Hice todo lo que pude con tal de que le salvaran la vida, pero nada sirvió.
El duelo por la partida de Greta me marcó profundamente y supuso un antes y un después en mi manera de entender la vida.
Dicen que cada alma viene con un propósito que cumplir y que, cuando llega su fin, por mucho que nos duela, no podemos hacer nada por evitar el desenlace. El propósito de Greta era, probablemente, ponerme en este camino para que, con mi experiencia, ayudase a otros a no sufrir por la pérdida de sus animales.
Ahora, soy ADA (Acompañante en el Duelo Animal), y estoy aquí para ayudar a todas aquellas personas que, como yo, viven duelos de sus peludos y pueden llegar a sentir la incomprensión de su entorno.
Un duelo es un proceso duro, y nunca debería ser transitado en solitario por quien lo sufre. Algo que hemos de tener claro es que el dolor es inevitable, pero que el sufrimiento es opcional. Solo tú puedes decidir si quieres recordar a tu hijo desde el dolor o desde el amor más inmenso.
Yo estoy aquí para acompañarte y para recordarte que no estás solo en este trance.
Como psicóloga especializada en duelo animal, voy a acompañarte a lo largo de tu proceso de duelo por la pérdida de tu peludo. No importa de qué especie fuera tu compañero ni el tiempo que llevaseis juntos. Te voy a ofrecer un espacio seguro y libre de juicios en el que poder expresar tus emociones sin temor alguno.
Junto a mí tendrás un lugar único en el que tú vas a ser lo que realmente importa.
Basándome en el Método Huella Emocional de Laura Vidal, trataremos las distintas fases del duelo por las que vas a ir pasando y las trabajaremos conjuntamente.
A lo largo de nuestro acompañamiento, te proporcionaré todas las herramientas que sean necesarias para superar adecuadamente cada parte de tu proceso.
¿En qué consiste mi acompañamiento?
El Acompañamiento en el Duelo Animal es un servicio de apoyo emocional y psicológico destinado a ayudar a todo aquel que haya perdido a su animal. Este servicio tiene como objetivo acompañar a transitar el dolor que supone la pérdida, encaminando el proceso hacia la aceptación, evitando el sufrimiento y sanando mediante una gran diversidad de herramientas terapéuticas.
- Inicialmente, te propongo un acompañamiento 6 + 1. Serán 6 sesiones online o presenciales y de 1 hora de duración, durante las que te acompañaré, independientemente de la fase del duelo en la que estés. Al finalizar, tendrás una séptima sesión gratuita que servirá para concluir el acompañamiento y preguntarme por cualquier tipo de inquietud que tengas.
- El coste del acompañamiento 6+1 es de 300 euros (de este modo cada sesión tiene un valor inferior a los 50 euros). Si lo que necesitas es solamente una sesión individual, el coste es de 65 euros.
Realizar un acompañamiento supone una oportunidad excelente para tratar ese duelo que acabas de sufrir o bien aquel otro que guardaste en un cajón, pero que a día de hoy todavía te causa desasosiego.
Además de contar conmigo durante las sesiones que tengamos, te daré mi teléfono personal para que puedas realizarme cualquier consulta urgente mediante audios o mensajes de texto de WhatsApp. En caso de que sufras un bajón emocional o te surja cualquier tipo de duda, puedes contar con mi apoyo extra y te responderé a la mayor brevedad posible.
Con esto quiero decirte que nunca te vas a encontrar solo y que siempre estaré a tu lado a lo largo del proceso.
Nunca es tarde para trabajar un duelo sano que honre a nuestros animales y todo aquel amor que ellos nos dejaron en vida.
Da igual el día de la semana en el que me necesitéis. Mediante cita previa, estoy disponible de lunes a domingo, independientemente de si estamos en fin de semana o festivo.
El dolor no entiende de fiestas ni descansos, así que si me necesitas, ahí estaré para ayudarte.
RETRATOS QUE HONRAN SU RECUERDO VIVO
¡Hola! Soy Andrea, la ilustradora detrás de Huella y Tinta.
Creo retratos personalizados de mascotas, tanto digitales como tradicionales (lápices de color y pasteles), capturando su esencia y creando recuerdos únicos para sus familias.
Además, el 10% de cada encargo lo dono al Refugio San Jorge (Cáceres), ayudando a otros animales a encontrar un hogar.
Te comparto mi portafolio para que conozcas mi trabajo y, si te apetece, podamos colaborar o crear un retrato especial.
¡Estaré encantada de responder cualquier duda!
Andrea
@huellaytinta